J. D. Salinger
(1919-2010)
jueves
domingo
fragmento
Estoy sentado en una piedra, en un monte de naturaleza agradable, aunque bien triste.
Viene, desde lejos, un pastor. Me dice:
-No te es permitido permancer en este sitio.
Voy a preguntar por qué y él se anticipa:
-Porque sobre esa piedra un cordero fue sacrificado.
Retiro mi cuerpo del descanzo y quedo de pie ante el anciano.
Él se satisface de mi obediencia y reemprende su camino.
Instalado en una piedra más pequeña, examino la mayor como si acabara de proponerme un enigma, no una prohibición.
Me sorprende el pastor con un regreso repentino y me amonesta:
-¡Y no pretendas haber sido dado al sacrificio, ser un inmolado!
(...)
Rehago mi entendimiento y lo adapto al lugar donde en verdad me hallo. Ya sé, es la sierra de los penados meritorios, que trabajan en el taller, con permiso especial y a cambio de salario, hasta las tres de la mañana.
Siento el cerebro machucado; como si estuviese al cabo de un abnegado esfuerzo de creación. Como si hubiera escrito un libro.
Pero mi cansancio no es feliz.
La noche sigue... y no es hacia la paz a adonde fluye.
Antonio Di Benedetto.
El silenciero, 1964.
Macri y los robots

Si algo faltaba al Jefe de Gobierno porteño para terminar de confirmar que desconoce lo que es el ejercicio de la política, descubrimos que además de plantar sombrillas amarillas en verano, ahora compró robots cazamosquitos que mantendrán a los porteños a salvo de los salvajes depredadores. Todavía no se sabe qué pasará con Rodriguez Larreta y si el robot tendrá autorización para acercarse a menos de 50 metros de la máquina cazamosquitos. Por lo pronto, esta innovación tecnológica en las plazas de la ciudad más europea de América, es un aporte más del Pro a su política insólita para solucionar los intrincados problemas de los porteños.
sábado
Cero

No están.
Aquí no hay nada.
Y allí tampoco.
No puedes saludarlo,
desearles buenos días
o escupir a sus pies.
No puedes
siquiera despedirlos en la noche
de tu propio umbral.
No están.
aunque uses sus zapatos,
su cama, sus anillos.
No están.
No es posible
la traslación de un pensamiento
ni una corriente de emoción
correspondida.
No están.
Ámalos, maldícelos, recuérdalos:
el vacío chupa tus llamadas.
Contempla sus fotografías,
oye sus voces en la cinta:
fraudes en la mente,
trucos en la memoria.
No están.
Huele sus ropas,
palpa sus objetos:
frío callado en el aire solo.
No están.
No suman, no intervienen.
Más remotos que nunca cada día.
Tenazmente empeñados en no estar.
Joaquín Giannuzzi
Un arte callado, Ediciones del Dock
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